Si todos pueden hacer un trabajo de alta calidad gracias a la IA, ¿cómo haces para que el tuyo se distinga?
Cuando la IA eleva la calidad promedio, la experiencia, el criterio y el gusto permiten crear un trabajo auténtico, valioso y difícil de replicar.
LA INTELIGENCIA SE HA DEMOCRATIZADO
Con el uso de la IA, todos tenemos la posibilidad de crear un trabajo intelectual de una calidad cada vez mayor. Quienes antes no podían crear un trabajo con una redacción impecable, sin faltas de ortografía y con ideas interesantes en cualquier ámbito intelectual, o tenían dificultades para hacerlo, ahora pueden conseguirlo en minutos con un simple prompt. Más aún, la calidad de sus resultados mejora con cada nuevo modelo que lanzan las empresas de IA. Es maravilloso, es liberador, es la IA como elemento democratizador de la inteligencia.
Pero, si la alta calidad es ahora el estándar, ¿cómo podemos diferenciar nuestro trabajo? ¿Acaso todo está perdido y nos hemos vuelto prescindibles para cualquier trabajo intelectual?
AÚN SOMOS ÚNICOS
En un océano de resultados aparentemente perfectos pero similares, aún hay mucho espacio para reflejar nuestra individualidad. Tal vez imperfecta, pero nuestra. Depende de nosotros si queremos que los artefactos que producimos sean un simple producto de la IA o si queremos que expresen nuestra voz. Somos únicos: nos distinguen nuestra experiencia, criterio y gusto. Es nuestra decisión expresarlos.
No descarto que nos apoyemos en la IA para empezar el proceso creativo o, al menos, para tener una referencia, al contrario, creo que es inevitable y hasta contraproductivo no usarla. En mi caso, la utilizo en la revisión y para ayudarme a comprobar si lo que escribo es coherente y fácil de entender. Pero considero que quedarnos en la versión que la IA genera es hacernos un flaco favor, a nosotros y a quienes reciben lo que creamos. Por un lado, ante un ojo adiestrado, nuestro trabajo pierde interés y, por otro, negamos a los demás la posibilidad de escuchar nuestra verdadera voz.
Si quieres que tu trabajo siga teniendo valor, debes diferenciarlo de la media, considerando incluso que la media es cada vez mejor. La forma de lograrlo es utilizar tu experiencia, gusto y criterio. Si no los tienes desarrollados aún, debes trabajar en desarrollarlos. Usarlos te permite generar resultados que otros no pueden replicar incluso si tienen acceso a las mismas herramientas de IA que tú utilizas.
Aclaremos de qué estamos hablando:
Experiencia
Nuestros éxitos y sobre todo nuestros fracasos. Los errores que no queremos volver a cometer. Todo lo que aprendimos en ese trabajo al que le dedicamos varios años. Las intuiciones que desarrollamos al hacer algo de forma repetida. En términos de IA, esto sería tener un mejor conocimiento del contexto. Por ello tenemos una ventaja muy grande si es que creamos dentro de un contexto que dominamos.
Gracias a la experiencia sabemos cuándo la IA está inventando información o proponiendo algo inadecuado para nuestro contexto, pero también cuándo nos ha dado una idea valiosa. La experiencia nos permite, además, anticipar consecuencias y reconocer cuándo algo probablemente no funcione.
¿Y si no tienes experiencia? Sal y empieza a hacer cosas, comete errores, vive y aprende.
Criterio
La capacidad para decidir qué importa, qué alternativa conviene y qué concesiones podemos aceptar. El criterio se manifiesta cuando existe incertidumbre, objetivos en conflicto y consecuencias que debemos asumir. La IA puede generar opciones; el criterio nos permite seleccionar las que valen la pena.
El criterio no es completamente neutral. Depende en parte de nuestros valores y esto es importante ante un resultado generado por IA. El artefacto generado por la IA puede ser de alta calidad y, aun así, resultar genérico o no reflejar nuestros valores. Para afirmar que una alternativa es mejor, tenemos que tener claro qué valoramos.
El criterio se desarrolla tomando decisiones y observando sus resultados. Si siempre le pedimos a la IA que decida por nosotros, renunciamos a desarrollar nuestro criterio.
¿Y si eres joven y sientes que no has desarrollado tu criterio lo suficiente? Empieza por tomar pequeñas decisiones. Elige qué crear, qué creer, qué consejo seguir y qué riesgo asumir. Explica por qué elegiste, observa qué ocurrió y vuelve a decidir. Escucha a quienes no piensan como tú. Estudia las decisiones de otros y aprende a reconocer cuánto hubo en ellas de conocimiento, valores, contexto y suerte.
Gusto
La sensibilidad cultivada para reconocer la belleza, la elegancia y la calidad de una obra, incluso cuando esa belleza reside en su estructura, su funcionamiento o la precisión con la que cumple su propósito. Cuando varias soluciones funcionan, el gusto nos permite reconocer cuál está realmente bien lograda.
El gusto se educa estudiando buenos referentes, comparando alternativas y aprendiendo a explicar por qué unas funcionan mejor que otras.
El gusto se cultiva con los libros que leíste, las aplicaciones y los productos que usaste, las exposiciones de arte que visitaste, las películas que viste, la música que escuchaste, los poemas que aprendiste, los lugares que visitaste, las comidas que disfrutaste. En fin, hay una infinidad de oportunidades de explorar todo lo bello que los seres humanos somos capaces de crear.
Toma el control del desarrollo de tu gusto. Cultivar tu gusto te permite reconocer un resultado genérico de IA y mejorarlo. Es una de las mejores formas de salir de la media y crear algo único.
En Filadelfia se encuentra la Barnes Foundation, que alberga una de las grandes colecciones de arte impresionista del mundo. Albert Barnes hizo su fortuna en la industria farmacéutica, pero entendió que tener dinero para comprar arte no significaba tener el gusto necesario para reconocer la calidad de una obra. Por eso recurrió a William Glackens, un amigo de juventud que era pintor, y pasó largas sesiones con él tratando de entender por qué una obra era mejor que otra. En 1912 lo envió a París con 20.000 dólares para comprar buenas pinturas modernas. Glackens regresó con 33 obras, incluidas pinturas de Van Gogh, Cézanne, Picasso y Renoir. Barnes no se limitó a delegar su gusto: estudió las obras, viajó después a París, siguió aprendiendo y terminó desarrollando una mirada propia.
¿Quieres cultivar tu gusto? Empieza por reconocer lo que todavía no sabes ver, busca a alguien que vea mejor que tú y pídele que te ayude a entender por qué algo es bueno.
En resumen:
La experiencia nos permite reconocer si una solución puede funcionar en la realidad.
El criterio nos permite decidir qué solución nos conviene perseguir.
El gusto nos permite saber si la hemos llevado hasta una versión excepcional.
LOS HUMANOS PREFERIMOS LO HECHO POR HUMANOS
Contrariamente a lo que se pudiera esperar, la evidencia empírica sugiere que los humanos preferimos lo hecho por humanos a lo hecho por una IA.
En un experimento reciente, 351 personas participaron en una subasta para adquirir impresiones físicas de obras presentadas como humanas o generadas con IA. Cuando una obra humana se describía como exclusiva (una sola copia en lugar de muchas), su valoración aumentaba un 44 %. En la obra generada por IA, la misma escasez elevaba su valoración solo un 21 %. La escasez también importaba en el caso de la IA, pero su efecto fue menos de la mitad del observado en la obra humana. Los investigadores concluyeron que la intervención de IA hacía que la obra se percibiera como inherentemente reproducible y menos exclusiva.
Esto sugiere que lo hecho por IA se percibe más como un commodity, mientras que el trabajo humano se percibe como expresión de originalidad e individualidad.
El trabajo humano de calidad no dejará de tener valor; será el producto premium.
La desconfianza respecto a lo producido por IA es más notoria entre los más jóvenes. La generación Z utiliza la IA con frecuencia, pero también muestra más ansiedad y preocupación por sus consecuencias. Entre sus preocupaciones aparecen el impacto sobre el empleo, el aprendizaje, la creación y el medio ambiente. Y, cuando conoce el origen de un trabajo, tiende a confiar más en uno realizado por una persona que en uno producido enteramente por IA.
Entonces, ¿cómo competimos con lo generado por IA? No podemos competir en velocidad o en costo. Debemos diferenciarnos, debemos hacer que lo que creamos refleje quiénes somos y qué nos hace únicos.
No estoy abogando por crear todo manualmente. La IA puede participar en la ejecución, pero la dirección, las decisiones y la voz deben seguir siendo humanas.
Puedes expresarte a través de:
el problema que decidiste abordar;
el contexto que aportaste;
las alternativas que rechazaste;
los valores que orientaron tus decisiones;
el estándar de calidad que exigiste;
las ideas de la IA que corregiste o desarrollaste;
aquello que finalmente decidiste afirmar;
la responsabilidad que asumes por el resultado.
Abordemos el esfuerzo por mantener la humanidad de lo que creamos, con el mismo espíritu con que lo expresó Fito: "¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón".
Publicado originalmente en LinkedIn.